MALVINAS 2000 - Capitulo IX - P�gina 083
J.C.-Comprendo Sr. Ministro, pero analicemos fr�amente la situaci�n. Pueden pasar en principio dos cosas: Que Thatcher decida recobrar por la fuerza su reputaci�n de inflexible, y para ello quiera recurrir a un acto desesperado. Como podr�a ser una bomba at�mica sobre alg�n punto estrat�gico de la Argentina. En principio, no creo que el resto de su gobierno la acompa�e en tal aventura. Y menos a�n que la dejen ejercer semejante violencia, a sabiendas de que se enfrentan a fuerzas descomunales y desconocidas. Si bien la Dama de Hierro puede tener -y los tiene- arrebatos obcecados, la gente de su gobierno no es para nada as�, y tampoco el pueblo ingl�s. Una cosa es mandar a destruir al casi indefenso crucero General Belgrano, con tecnolog�a obsoleta, y cuando navegaba rumbo al continente; para incitar al gobierno de facto argentino a no llegar a ning�n acuerdo despu�s de esa injustificada matanza. Y otra muy distinta es enfrentarse a este suceso colosal. Donde se puede saber cu�ndo comienza, pero no d�nde acaba. Di Tella.-Pero si ella, autoritaria como es, ejerciendo ese derecho de Primer Ministro, diera la orden de lanzarla y supuestamente se cumpliera. �Qu� pasar�a entonces? J.C.-La Inteligencia lo tiene previsto, y en ese hipot�tico caso esa bomba nunca llegar�a a ning�n blanco terrestre. Sencillamente la desactivar�a y la expulsar�a al espacio, haci�ndola viajar hasta alguno de los dep�sitos sid�reos de desechos, donde quedar�a anclada para toda la eternidad, o bien la incinerar�a en algua lejana estrella. Di Tella.-�Ud. est� seguro de ello? J.C.-S�, por supuesto, y creo que a esta altura de los acontecimientos se me debe tener alguna m�nima confianza. �O no es as�? Di Tella.-De hecho que su credibilidad cambi� rotundamente despu�s de esta demostraci�n, la que nos deja at�nitos. |
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