MALVINAS 2000 - Capitulo X - P�gina 097

Asimismo se hab�a dado instrucciones a varios acorazados y portaaviones para que hicieran lo mismo. Algunos de ellos artillados con poderosas armas at�micas.

Con respecto al portaaviones Invincible, se le hab�a ordenado poner rumbo al paralelo 35�, que es la latitud de Buenos Aires, pero a unas quinientas millas mar adentro. Con claras intenciones de amedrentar a la poblaci�n, con las probabilidades de disparos de ojivas nucleares de alto poder que �ste portaba.

La Dama de Hierro no perd�a sus costumbres, y se reiteraba vali�ndose de la prepotencia, y la superioridad del aparato b�lico.

Pero en esta oportunidad no quiso tener en cuenta las recomendaciones de los m�ximos militares ingleses, qui�nes le aconsejaron negociar, aunque sea con p�rdida decorosa de las Islas, pero de ninguna manera alg�n tipo de enfrentamiento militar. Pues le aseguraban que en esta ocasi�n no s�lo saldr�a perdidosa, sino que podr�a traer graves consecuencias a Inglaterra misma.

Le hac�an ver lo nefasto para el Reino, si esa muralla invisible e infranqueable se extendiera alrededor de toda Inglaterra. Lo cual, aparte del l�gico p�nico de la poblaci�n, traer�a desprestigio al pa�s y caos en el comercio exterior.

Y remarcaban muy enf�ticamente esto �ltimo, ya que por lo general era el argumento m�s convincente para los mandatarios ingleses.

Tambi�n la trataban de convencer, de que no hab�a raz�n alguna para pensar que esa muralla no se pudiera imponer a Inglaterra, con la misma facilidad que se hizo en las islas Falkland.

Si semejante tecnolog�a estuvo disponible en instantes, para aislar unas peque�as y alejadas Islas, era de suponer que tambi�n lo estar�a para porciones de tierra m�s grande como Inglaterra, argumentaban.

La Primera Ministro no entraba en razones. Ella estaba acostumbrada a establecer su f�rrea voluntad y a triunfar.

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