MALVINAS 2000 - Capitulo X - P�gina 098
Ciegamente pensaba que tambi�n en esta oportunidad se saldr�a con la suya. Muy en contra de todas las sabias opiniones de sus experimentados consejeros. La pregunta del mill�n, era saber si las Fuerzas Armadas acatar�an aunque sea a rega�adientes sus �rdenes. Pero conociendo lo piramidal de la estructura inglesa, era seguro que lo har�an, a pesar de tener convicciones totalmente opuestas. Lo que se hac�a m�s dif�cil de prever, es si en realidad y llegado el caso, los militares estar�an dispuestos a crear una hecatombe mundial, disparando una ojiva nuclear sobre Buenos Aires, y cargar con el alto costo de la muerte y martirio de millones de habitantes. Esto se me hac�a inconcebible. Personalmente pensaba que todo era nada m�s que una finta de la Thatcher, que esgrim�a como �ltimo y desesperado recurso. M�s para tratar de salvar su reputaci�n de Dama de Hierro, que para solucionarle alg�n problema a los Kelpers. De cualquier manera, de inmediato me contact� con La Inteligencia para requerirle respuestas a esta supuesta acci�n; pero se me tranquiliz� nuevamente. Ning�n arma inglesa podr�a hacer da�o alguno a mi pa�s. A esta altura de los acontecimientos, yo ten�a la seguridad de que todos los mensajes que me enviaba La Inteligencia, eran de una veracidad absoluta, as� no pudieran ser comprobables por el momento. Como asimismo de que la totalidad de sus actos estar�an exentos de violencia. De todo esto no me cab�a ya ninguna duda, y esa enorme paz interior que me invad�a, semej�ndose a las cristalinas y quietas aguas de un estanque, en un perfecto d�a primaveral, se potenciaba de tal modo, que me hac�a percibir la felicidad en un clima "in crescendo", lo cual me manten�a en un estado de bienestar permanente, como nunca lo hab�a experimentado. Al menos en un lapso tan pronunciado. Terminamos de almorzar a una hora tard�sima y desacostumbrada para nosotros, pero la siesta nos resultaba imprescindible en esta oportunidad, ya que esta parte del d�a la hab�amos vivido muy intensamente, y con tensiones l�gicas del momento. Realmente est�bamos agotados, tanto Alicia como yo. |
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